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Creemos que…

“Toda la Escritura es inspirada por Dios,” por lo cual comprendemos que Dios superentendió a los autores humanos para que al usar sus personalidades únicas ellos compusieron y registraron la revelación de Dios a la humanidad sin error en los manuscritos originales. La enseñanza y la autoridad de la Biblia es absoluta, suprema y final. 2 Pedro 1:19-21; 2 Timoteo 3:16; Hechos 1:16; 1 Tesalonicenses 2:13; 1 Corintios 2:11-14; 1 Corintios 14:37; 2 Samuel 23:2; Juan 10:32-35.

Hay un Dios que existe eternamente en tres personas separadas y distintas -- Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo. Cada persona del Altísimo es enteramente Dios y tiene precisamente los mismos atributos, naturaleza y perfecciones y merece precisamente la misma alabanza y obediencia. Deuteronomio 6:4; Marcos 12:29; 1 Corintios 8:4; Juan 6:27; Romanos 1:7; Juan 1:1, 14; Hebreos 1:8; Hechos 5:3-4; Juan 14:16

LJesucristo, la eterna segunda persona del Altísimo, fue concebido en la Virgen María por el Espíritu Santo, y es Dios verdadero y humano verdadero. Isaías 9:6, 7; Filipenses 2:5-11; Mateo 1:16-25; Juan 5:17-23; Apocalipsis 1:8, 17-18; Hebreos 1:1-8; Juan 17:5; Colosenses 1:15-20, 2:9

El Espíritu Santo, la tercera persona del Altísimo, la fuente y el poder de toda alabanza y servicio aceptable y el intérprete infalible de la Palabra infalible, el Único siempre presente para testificar de Cristo, regenera y mora en todos los verdaderos creyentes, los sella hasta el Dia de la redención, los bautiza en el solo cuerpo de Cristo, e intenta habitarlos con Cristo y no con sí mismos ni con sus propias experiencias. Juan 16:7-15; 1 Corintios 2:10-14; Juan 15:26; Tito 3:5; 1 Corintios 6:19; Romanos 8:9; Efesios 4:30, 1:13; Juan 6:14

La humanidad fue creada originalmente a la imagen de Dios, con distinción - varón y hembra. Él los creó según la semejanza de Dios, y la humanidad cayó por el pecado, y, como consecuencia de su pecado, perdió su vida espiritual, muriendo espiritualmente por las transgresiones y los pecados, se convirtió en sujeto del poder del diablo. Su muerte espiritual o depravación total, ha sido transmitida a la raza humana entera, con excepción del Hombre Jesucristo solamente, y por ende, cada persona nace en el mundo con una naturaleza que no posee una chispa de vida divina, pero es esencial e inalterablemente pecador sin gracia divina. Al instituir la procreación para la humanidad, Dios estableció el matrimonio como una relación exclusiva y de toda la vida entre un hombre y una mujer, para ilustrar la unión misteriosa y leal entre Cristo y Su novia, la iglesia; y toda actividad sexual íntima fuera de la relación del matrimonio, ya sea heterosexual, homosexual o de otro tipo, es inmoral y, por lo tanto, pecado. Según Dios creó la raza humana con tanto propósito y distinción, toda conducta con la intención de adoptar un género fuera del género de nacimiento es es inmoral y por lo tanto es pecado. Génesis 1:27, 2:18-25; Deuteronomio 22:5; Salmos 14:1-3, 51:5; Jeremías 17:9; John 3:6, 6:53; Mateo 19:3-5; Romanos 1:18-31, 3:10-19, 8:6-8; 1 Corintios 6:9-10; Efesios 2:1-3, 5:21-33Debido a la muerte universal por el pecado, nadie puede entrar al reino de Dios a menos de que nazcan de nuevo. Ningún grado de reforma, sin importar cuán grande; ningún logró en moralidad, sin importar cuán alto; ninguna cultura, sin importar cuán atractiva; ningún bautismo u otra ordenanza, sin importar cuán administrado que pueda ayudar al pecador a tomar ni un paso hacia el Cielo, pero una nueva naturaleza es absolutamente esencial para la salvación, y solo aquellos así salvados son hijos de Dios. Juan 3:3-8; Tito 3:5; 2 Corintios 5:17; Juan 1:12-13; 1 Juan 5:1; Hechos 4:12; Juan 14:6; Isaías 64:6; Romanos 3:1-23; Gálatas 3:22; Romanos 5:12.

Jesucristo se convirtió en el sustituto del pecador ante Dios y murió como un sacrificio aceptable por el pecado del mundo entero. Nuestra redención se logrado únicamente por la sangre de nuestro Señor Jesucristo, quien fue hecho pecado y fue hecho una maldición para nosotros, muriendo en nuestro lugar. Ningún arrepentimiento, ningún sentimiento, ninguna fe, ninguna buena resolucion, ningún esfuerzo sincero, ninguna sumisión a las reglas y regulaciones de cualquier iglesia puede agregar en los mínimo al valor de la sangre preciosa o el mérito de Su trabajo terminado. Isaías 53; 2 Corintios 5:21; Juan 1:29; Hebreos 9:28; 1 Pedro 2:24, 3:18; Colosenses 1:20-21, 2:14; 1 Corintios 15:1-3; Romanos 3:25-26, 5:6-8; Gálatas 3:13.

Cristo, en la plenitud de las bendiciones que Él ha asegurado mediante Su muerte y resurrección, es recibido solo por la fe y el momento en que confiamos en Él como Nuestro Salvador, pasamos de la muerte a la vida eterna, estamos justificados, somos aceptados por el Padre, y somos amados como Jesús es amado. En el momento de aceptar a Cristo como Salvador, Él viene a habitar en el creyente y a vivir Su vida de santidad y poder a través Él. Efesios 2:6-8; Juan 1:12, 5:24, 6:47; Hechos 13:38; Romanos 4:5, 24, 25, 5:1; 1 Corintios 1:30; Efesios 1:6; Colosenses 2:10; Hebreos 10:10-14; Efesios 1:13, 5:30, 31; Gálatas 2:20; Colosenses 1:27.

El cuerpo crucificado de Jesucristo fue resucitado. Su cuerpo fue levantado entre los muertos según las Escrituras y ascendió al Cielo y está sentado a la diestra de Dios como el Sumo Sacerdote y Defensor del creyente. Hechos 10:40, 41; 1 Corintios 15:3-6; Romanos 4:25; Juan 20:11-29; Hechos 1:3, 2:23, 24, 3:13-15, 1:9-11; Romanos 8:34; Efesios 1:20, 21; Hebreos 1:3, 4:14, 7:25; 1 Juan 2:1-2.

La Iglesia está compuesta de todos aquellos que verdaderamente creen en el Señor Jesucristo como Salvador. Es el cuerpo y la novia de Cristo. Cada creyente es bautizado en el cuerpo de Cristo por el Espíritu Santo, sea judío o gentil, y así siendo miembros el uno del otro somos responsables de mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz, superando todos los prejuicios sectarios y la intolerancia denominacional, y amándonos fervorosamente unos a otros con un corazón puro. Efesios 1:22, 23, 2:19-22; 1 Corintios 12:12-27, 1:10; Efesios 4:3-6; Filipenses 2:1-5; Gálatas 5:13-14.

Todos los creyentes en nuestro Señor Jesucristo son llamados aparte del mundo y de prácticas pecaminosas y para ser distinguidos para el Señor. Por encima de todo debemos amar al Señor, conocerlo, desear vivir en Su presencia. Mateo 6:33, 22:37-38; Juan 17:3; Romanos 12:1-7; Juan 14:21; Salmos 63:1, 119:2; 1 Tesalonicenses 4:7; Hebreos 12:1-2; Romanos 14:13-21; 1 Corintios 10:23-33; 1 Juan 2:15; Tito 2:11-14; Efesios 4:17-32.

La misión de la gente de Dios en esta época es evangelizar al mundo y liderar como discípulos a quienes conocen a Jesucristo como Salvador. Mateo 28:19-20; 2 Timoteo 2:2.

Creemos en el regreso personal de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. El retorno de Jesucristo es la “Esperanza Bendita” que se nos ha deparado, por lo cual no debemos desistir de buscar “...nuestra vivienda está en el Cielo de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo” (Filipenses 3:20); Juan 14:1-3; Hechos 1:11; 1 Tesalonicenses 1:10, 4:16-17; Hebreos 9:28; Filipenses 3:20-21; 1 Juan 3:1-3, 2:28; Tito 2:13; Mateo 24:44-46; y Apocalipsis 1:7.